Tal vez seas “friki” y aún no lo sabes

Ilustración inspirada por el vídeo viral de la “madre chebacca”. Ilustración hecho por Elisa Sancho 

Todos, de alguna u otra forma, nos hemos sentido diferentes, extraños, raros, por no poder encajar en un determinado grupo social, ya sea en nuestra familia, en el colegio o en un trabajo. Para algunos, esta sensación de no pertenencia resulta especialmente profunda, y eso les aísla mucho más.

La sociedad en su conjunto establece un orden de cosas en el que, arbitrariamente, se dictan las leyes de comportamiento, los gustos o las apariencias que podemos considerar “normales”. Pero, ¿qué es ser normal? El uso habitual de esta palabra encierra una perversión social que a veces nos pasa desapercibida. La sociedad es conservadora por antonomasia y los individuos que la componen buscan de forma natural referentes que imitar. Y eso aboca, necesariamente, a que cualquiera que no respete las normas y sobrepase esas fronteras de normalidad pueda ser etiquetado como raro.

Sin embargo, hay personas cuya perspectiva de vida es distinta y sobrepasan los límites de la uniformidad impuesta: unos pueden ser más extravagantes en apariencia, algunos tener aficiones extrañas y otros tener comportamientos fuera de lo común. A esas personas se les tilda de “frikis”. Y ¿qué es ser friki en esta sociedad? Es algo muy difícil de describir, seguramente todos de alguna u otra forma lo seamos y por ello me aterra pensar que el llamar “friki” a alguien pueda ser el resultado de ver la paja en el ojo ajeno antes de reconocer nuestras propias rarezas. Es una forma absurda de señalar al otro para hacerle sentir mal.

Como decía al principio, ser friki implica salirse de la norma, colorear fuera de la línea, vestirse inapropiadamente, que te guste la pizza con piña, que seas español y no te guste el jamón ibérico o ser colombiano y que no te vaya mucho el café. En definitiva ser tú mismo. Que controles el diseño de tu propia vida sin miedo al qué dirán.

A mí me encanta el porno gay amateur, tengo la manía de buscar el balance en todo lo que veo, en un cartel, en la ropa, en la decoración. Disfruto de la política, de las tertulias, de la política internacional y de los entresijos de los políticos, periodistas y ciudadanos… Todo ello me haría ser un estupendo candidato para ser considerado “friki” de cosas que a la mayoría no les gusta, o quizás no se atrevan a decir que les gusta, porque habría que saber hasta qué punto admitimos y nos permitimos saber lo que nos gusta entre nosotros mismos y delante de los otros.

Pienso que los seres humanos respondemos mucho más a elementos externos a nosotros que a lo que de verdad somos por dentro. La constante justificación de nuestros gustos y actos delante de los demás es también una constante búsqueda sin ruta que refleja la falta de aceptación de lo que somos.

Es por todo ello por lo que ser friki es para mí un honor, ser quien soy y aceptar mis gustos seguramente me hará diferente a los demás, pero sin duda lo que más me importa es lo que pienso yo de mí mismo y que mis comportamientos, gustos y apariencias me hagan cada día un poco más feliz.

¡Viva el día del orgullo friki o, dicho de otra forma, viva el día de la aceptación y la identidad!

 

Mira nuestra lista musical inspirada en el Día del Orgullo friki y disfrútala.

 

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