Diseño y sociedad: las bases

¿Qué es el diseño?, ¿cuándo lo empleamos?, ¿dónde lo podemos y/o debemos utilizar? ¿cuál es la mejor forma de diseñar?…En ocasiones, y con mayor frecuencia cuando comenzamos el camino de ser diseñador, nos asaltan estas y muchas otras dudas que hacen que nuestro juicio se nuble, y todos los pilares que habíamos construido hasta ese momento tambaleen.

 

Son preguntas difíciles de responder, no por su grado de complejidad, sino por la ambigüedad que implican. Cada diseñador, como individuo, posee una percepción distinta de la realidad, y esto hace que la respuesta a todas esas preguntas dependa de los factores que han llevado a cada persona a ser quien es.

 

Pero por otro lado también debemos tener en cuenta los factores económicos, sociales y políticos como condicionantes de nuestro trabajo. Actualmente nos encontramos en una era super individualista, pero… ¿Y por qué sucede esto?, ¿hemos sido siempre así?.

 

Pues bien, para responder estas preguntas tenemos que echar la vista atrás, en concreto nos tenemos que situar en la transición de la época que concluyó en el comienzo del sistema capitalista. Ya cuando finalizaba la Edad Media, y con ella su sistema social y económico, comenzaron a surgir dos nuevas teorías religiosas: el calvinismo y el luteranismo, ambas dos doctrinas protestantes. Jugaron un papel muy importante durante este nacimiento del capitalismo, la parte que nos interesa a nosotros es el cómo afectaron al desarrollo de la sociedad.

 

El ser humano, durante el nacimiento del capitalismo, se tiene que enfrentar a un nuevo mundo, está naciendo un nuevo sistema social, económico y político, que asusta al hombre, como a todos nos puede dar miedo una nueva experiencia en el futuro, por ejemplo tener que cambiar de ciudad, dejar a nuestra familia, encontrar un nuevo trabajo…son miedos comparables al miedo que sentía el hombre en aquél momento. Las personas se sentían angustiadas al ver que todo su mundo estaba cambiando y no podían hacer nada por evitarlo excepto una cosa: dejar su destino en manos de una fuerza superior.

 

Esto produjo que tales religiones como el luteranismo y el calvinismo consiguieran desarrollarse, para así poder reprimir esos sentimientos de soledad y angustia que sentían por todo lo que estaban experimentando. En ellas, el creyente destruía su orgullo llegando hasta la humillación de sí mismo. La anulación de la persona como individuo era un precio que los creyentes estaban dispuestos a pagar, con tal de no asumir la realidad que les abrumaba.

 

Por lo tanto, estas nuevas teorías influyeron en la personalidad de los individuos de aquel tiempo de tal forma que prepararon unas bases de sumisión y represión ante el nuevo sistema.

 

De la misma forma que se reprimieron esos sentimientos mediante estas teorías, ocurrió con el capitalismo. En este sistema el destino del hombre o la función es contribuir al crecimiento del sistema económico. Acumular capital (ahorrar dinero), no ya para lograr algo en concreto, sino como fin último, vital. Todos estos comportamientos dirigidos hacia el mantenimiento del sistema económico y social, son métodos de evasión ante la soledad y el sentimiento de individualidad que a la vez produce el capitalismo. No sólo nos da libertades, sino que nos hace crecer como seres individuales y solitarios que sólo dependen de sí mismos para poder desarrollarse como personas.

 

Estas son las bases que condicionaron el comportamiento de nuestra sociedad, pero está en nuestras manos cambiar el desarrollo de los acontecimientos. Sabemos que somos más libres que nunca, pero también tenemos que tener en cuenta que somos dueños de nuestro propio destino. Está en nosotros la solución para conseguir un futuro mejor, y nosotros, como diseñadores, podemos ejercer un papel en la sociedad y aportar nuestro granito de arena. Quizás vivamos en un período complejo, pero es muy importante ser conscientes de nuestro pasado para no cometer los mismos errores en el futuro.

 

Parte de los datos de este artículo han sido extraídos del libro “El miedo a la libertad” de Erich Fromm.


Marta Asensio

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