Diseño gráfico: ¿Arte o comunicación?

El diseño, en sus más variadas manifestaciones, es ante todo una expresión personales y una disciplina que emana múltiples facetas. Pero, ¿cuál es su función? ¿Ser atractivo a la vista? ¿Cumplir un objetivo comunicacional? Sin duda el debate entre los profesionales y estudiosos de la materia está abierto. Y a estas preguntas trataremos de responder.

La comunicación, al igual que el diseño, ha existido desde siempre. El ser humano ha intentado continuamente, desde la edad prehistórica, comunicarse. Y lo ha hecho con los medios que ha tenido a su alcance. El hombre prehistórico se comunicaba a través de signos gráficos, simples y sencillos, que evolucionaron a lo largo de los siglos hasta lo que hoy conocemos como abecedario.

Estos signos, aunque no eran universales ni definidos, les permitía establecer un canal comunicativo. La comunicación es un proceso en el que intervienen las acciones de expresar e interpretar: cuando lo que se expresa coincide con lo que se interpreta se produce una comunicación óptima.

Sin embargo, el diseñador es un profesional de reciente definición. La concepción de la profesión y su metodología data de los años 50. El diseñador actual se dirige a una audiencia masiva, tiene la teórica que le permite producir mensajes efectivos.

Y aquí influye el factor del medio social. Tanto el diseño, como la comunicación y el arte, son un reflejo del tiempo histórico en el que se encuentran. Son un ejemplo de la sociedad, de las costumbres y de los hombres, de lo político y lo cultural. Nuestro entendimiento es mayor cuando lo comparten personas del mismo entorno social que el nuestro.

A la vez, todo es comunicación: desde un logotipo, hasta un objeto, pasando por un mueble o un cuadro. Todo comunica, todo nos evoca, nos sugiere.  En la mente del ser humano se crean sinergías constantemente entre lo que conocemos, entre lo que vemos, y entre los estímulos que recibimos a través de los 5 sentidos. El reto es conseguir que ese diseño comunique lo que realmente queremos transmitir.

Si hablamos de arte, en su definición más general, podemos decir que es “cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética”. Tiene similitudes y diferencias con el diseño como disciplina profesional: hay quienes creen que el arte es un producto en sí mismo, y que el diseño en cambio busca promocionar un producto. Es decir, que el arte tienen críticos, y el diseño clientes. Y es esa búsqueda de agradar al cliente la que le aleja del arte.

Sin embargo, ambos tienen un alto contenido estético, trabajan con las formas y los colores; los momentos clave del arte influyen en las tendencias del diseño y los momentos sociales destacados influyen intensamente en el diseño. Y sin duda podemos decir que ambos comunican.

El diseño gráfico, tal y como lo conocemos ahora, desarrolla sus elementos esenciales en los años 20 y llega a obtener su perfil actual en los años 50, cuando, a causa de la influencia de nuevos conocimientos desarrollados en psicología, sociología y lingüística, el objetivo del diseñador deja de ser la creación de una obra artística y pasa a ser la construcción de una comunicación eficaz.

Hebert Bayer es un ejemplo claro de la preocupación por la forma y de la creencia en el principio de unidad y simplicidad como garantía de unidad y belleza. Coherencia, economía y simplicidad fueron conceptos altamente valorados en el Bauhaus, vistos como naturalmente relacionados con funcionalidad y con belleza. Sin embargo, fue cierta belleza la que llevó a concebir estos tres pilares del diseño y no solamente la de funcionalidad.

La idea de simplicidad como característica de buen diseño continuó presente durante muchos años. Smith y Watkins, en su proyecto de investigación desarrollado en la Universidad de Reading en Inglaterra (1972), demostraron que no hay relación constante entre simplicidad de diseño y eficacia en la transmisión de información. Es decir, que lo simple no es siempre lo más eficaz. 

Actualmente, se requiere del diseñador un juicio selectivo, donde no solo debe elegir belleza sino más bien belleza adecuada a los requerimientos comunicacionales. La elección deja de basarse en el gusto personal. Podemos decir que no se descarta lo estético, sino que se pone al servicio de la comunicación.

En definitiva, podemos concluir que el diseño es tanto arte como comunicación. No solo debe aspirar a alcanzar fuerza formal y calidad estética sino que debe usar estos aspectos en función comunicativa, considerando comunicación no solo al acto de llamar la atención, sino también al de transmitir un conocimiento determinado dentro de ese llamado.

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