¿De qué va el diseño sostenible?

Fotografía: Proyecto de Magdalena Hölm

Lo habitual al hablar de sostenibilidad es que nos vengan a la cabeza palabras como “ecológico”, “verde”, “ecofriendly”, mientras visualizamos una preciosa águila real sobrevolando los frondosos bosques noruegos. También es frecuente relacionarlo con esas caras mermeladas, cuyas frambuesas han disfrutado de una vida plena y saludable (mucho más de la que tendremos algunos), o esos productos de belleza 100% naturales que simulan enfrascar en 50 ml la fórmula de la juventud eterna, con su limpísimo y elegante packaging.

Pues no amigos, como ya sabemos, todo es marketing. Quién sabe cuántos compuestos químicos artificiales estarás ingiriendo con esas delicadas frambuesas, o cómo serán tratados los trabajadores que las han recolectado.

Entonces, ¿cómo sabemos si un diseño es sostenible o no?.

En primer lugar debemos saber qué es la sostenibilidad. La rae presenta dos acepciones:

1. adj. Que se puede sostener.
2. adj. Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medioambiente.

Es posible que la segunda parezca la más adecuada, pero en realidad se trata de una deducción lógica que podemos extraer de la primera acepción: “que se puede sostener”. Este concepto implica continuidad, implica un sistema circular que perdure durante el máximo periodo de tiempo, a poder ser ilimitado. Es decir, una infraestructura que no implique crecimiento exponencial como sucede en el capitalismo*, que debido a esta misma característica se trata de un sistema con fecha de caducidad, y por lo tanto, insostenible en el tiempo.

Sabiendo qué implica la sostenibilidad, ahora debemos aplicar estos valores al diseño para poder juzgar qué es sostenible y qué no lejos de los estigmas. Por diseño entendemos todos los aspectos que se refieren al contenido formal y funcional del producto. Tanto los gráficos, tipos de papel, packaging, como el lugar donde se ofrece. Podríamos decir que diseño sostenible es igual a diseño consciente. Es decir, debemos poder ser conscientes de todos los aspectos que implican el diseño.

Esto significa que el diseño debe ser transparente en todas sus partes. Por ejemplo, si hablamos de esa deliciosa mermelada, tenemos que saber dónde se ha cultivado, en qué condiciones se encuentran los trabajadores que han recogido las frambuesas, si ha recibido algún tratamiento artificial, si son importadas, de dónde son… Todos estos datos nos darán la respuesta a nuestra preciada pregunta.

Si los trabajadores realizan su trabajo en condiciones insalubres NO ES DISEÑO SOSTENIBLE, ya que no es posible mantener una empresa con trabajadores enfermos/condenados a la muerte (sí tal cual suena). Si las frambuesas contienen sustancias químicas que a lo largo pueden afectar a la salud de los consumidores NO ES DISEÑO SOSTENIBLE. Si las tintas del packaging tienen metales pesados que una vez desechado el envase pueden acabar con especies animales NO ES DISEÑO SOSTENIBLE.

¿Parecen tonterías verdad?. Resulta que no lo son. Es difícil asumir que la Tierra como planeta posee recursos limitados, pero todavía será más difícil asumirlo si hacemos que esos recursos se agoten más rápido. ¿Y cómo conseguimos esto?…creyendo en el diseño sostenible. Sabemos que Roma no se construyó en un día, y no se trata de vaciar toda nuestra despensa y nuestro armario para cambiar el mundo. Lo importante son nuestros hábitos, nuestra consciencia sobre el presente, pero también sobre el futuro.

Esto es el diseño sostenible: diseño a través de un sistema que permita su creación y estabilidad el mayor tiempo posible.

*Es importante tener en cuenta que hablamos de métodos de producción, y no de sistemas económicos o políticos.

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